Espiral


 Todo empieza con un temblor leve, casi imperceptible. Una vibración que nace en algún punto sin nombre y se desliza hacia mí.
El espacio se ablanda, pierde rigidez. El mundo deja de ser un escenario y se convierte en una respiración inmensa que me contiene.

No hay arriba ni abajo, ni adentro ni afuera;  solo capas de realidad moviéndose como velos que se corren para dejar ver algo más hondo.
Un camino se abre, aunque no tiene forma.

Y ahí aparece. Un espiral.
Lo sigo porque mi cuerpo reconoce su ritmo aun cuando mi mente no.

A mi alrededor, colores desconocidos flotan como memorias antiguas. Algunos se acercan y me rozan, otros giran a mi alrededor como guardianes.
Nada amenaza, pero todo impacta.

El tiempo se estira. Se hace tan amplio que puedo escuchar lo que hay entre sus segundos: un llamado suave, persistente.
Sé que no es un destino final.
Es un cruce, un punto de inflexión donde algo que estaba dormido empieza a despertar.

Y en medio de esa apertura, me dejo ir.
No por impulso, sino por intuición.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Polvo de estrellas

La melancolía de lo efímero